Lo que la felicidad no era

La felicidad no era preocuparse tanto para hacer bien en el mundo, tampoco lo era despreocuparse al punto de creer que así se aportaba a la solución. No era madurar en un sentido muy serio y reservado. No era buscar el constante placer absoluto ni tampoco asumir que no existiera. No era evitar cualquier tipo de esfuerzo en dirección al crecimiento, tampoco enfocarse en crecer como si hubiera que hacer fuerza. No era llegar, no era siquiera el camino por sí solo. No era buscar ser mejor que uno mismo ayer, ni querer saber de qué realmente se trataba ser mejor, ¿con qué comprar lo único?. La felicidad no era encerrarse ni salir compulsivamente, no era pensarlo, ni buscar un punto medio a propósito. Tampoco era vivir en el momento, ¿quién me puede pasar la dirección de ese lugar?. Es aparente que viviéramos todos en el presente, pero, si la felicidad era disfrutar el momento, y todos vivimos en él, ¿que seguimos buscando?. Ella no era solamente la música, la expresión artística, tampoco el estrés en tiempos de una bloqueada inspiración. No era la niñez, no era la adolescencia. No era solo el trabajo, proyecto o empredimiento.

No era el amor así nomás, ni tampoco la fría pero acogedora soletería. No era caminar escoltado de mariposas al sol del campo, o pisando la caliente arena de las playas. Tampoco lo era ese cigarro caminando bajo las luces de las ciudades que visitamos. No se encontraba en las casuelas del invierno ni el helado en fuego verano (aunque tal vez un poco). Aquella no era un trago, no era un cogollo, o algún viaje psicodélico. No era subir, no era bajar. Algunos la encontramos bailando, sonriendo y compartiendo en alguna fiesta de electro. Otros la ven en toques de rock, o pistas de salsa y hasta plena.

¿Que sí es entonces, la felicidad?.

Vos ves.

Pero que no te preocupe demasiado buscándola.

Ahí sí, que no estará nunca.

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